Por Dra. Laura Gómez, Cardióloga – Cardio-oncóloga – Internista
Durante años, la salud del corazón de la mujer fue subestimada, incluso por la propia
sociedad. Muchas mujeres han aprendido a priorizar a los demás antes que a sí mismas, postergando síntomas y chequeos médicos. Hoy sabemos que esta realidad
tiene consecuencias: las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de
muerte en la mujer a nivel mundial, superando incluso al cáncer de mama, ginecológico
y de pulmón juntos. A pesar de ello, la prevención cardiovascular femenina sigue
siendo baja y el diagnóstico continúa realizándose de forma tardía.

El corazón de la mujer enferma diferente
La mujer no solo enfrenta los factores de riesgo cardiovasculares más conocidos como
la presión arterial elevada, la diabetes, el colesterol alto, el sobrepeso y el
sedentarismo. Existen además riesgos propios de la mujer que con frecuencia pasan
desapercibidos y que pueden afectar seriamente la salud del corazón.
Entre ellos se encuentran las complicaciones durante el embarazo, como la
preeclampsia o la diabetes gestacional, que pueden duplicar o incluso triplicar el riesgo
de enfermedad cardiovascular en el futuro. También influyen la menopausia precoz, el
uso prolongado de terapias hormonales sin una evaluación médica adecuada, y ciertas
formas de isquemia cardíaca que no siempre se detectan en los estudios tradicionales,
lo que lleva a diagnósticos tardíos.
A esto se suman las enfermedades autoinmunes, más frecuentes en mujeres, el estrés
crónico, la depresión y la sobrecarga emocional. En el caso del cáncer de mama, el
impacto cardiovascular es mayor, ya sea por la enfermedad en sí o por algunos
tratamientos, como la quimioterapia, que pueden afectar el corazón.
Todos estos factores hacen que el riesgo cardiovascular en la mujer sea más complejo
y, muchas veces, subestimado. Reconocerlos a tiempo permite actuar antes, prevenir
complicaciones y proteger la salud del corazón a lo largo de la vida.

Síntomas: no siempre son los habituales
A diferencia de la imagen clásica del infarto con dolor fuerte en el pecho, en muchas
mujeres los síntomas pueden ser distintos y menos evidentes. Con frecuencia, se
atribuyen al cansancio, al estrés o a problemas digestivos, retrasando la consulta
médica.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Fatiga intensa y repentina, sin causa aparente.
- Falta de aire, incluso con esfuerzos mínimos.
- Náuseas, vómitos o molestias en el estómago.
- Dolor en el cuello, la mandíbula o la espalda.
- Mareos, sudoración fría o una sensación súbita de ansiedad.
Esta forma diferente de presentación puede retrasar la consulta médica y el inicio del
tratamiento. Escuchar al cuerpo y no minimizar estos síntomas puede marcar la
diferencia.
Prevención: la decisión que marca la diferencia
La prevención sigue siendo la herramienta más poderosa: hasta el 80% de los eventos
cardiovasculares en la mujer pueden evitarse. Este cuidado debe comenzar de forma
temprana y mantenerse a lo largo de toda la vida. Pensar que las enfermedades
cardiovasculares solo afectan a personas mayores es un error que cuesta diagnósticos
tardíos y vidas.
Las recomendaciones clave incluyen:
- Control regular de la presión arterial, colesterol y glucosa.
- Actividad física al menos 150 minutos por semana.
- Alimentación saludable, rica en frutas, vegetales, legumbres, pescado y grasas
saludables. - Evitar el uso de tabaco y la exposición al humo.
- Manejo adecuado del estrés, la salud mental y el descanso.
- Evaluación médica periódica, incluso en mujeres jóvenes y sin síntomas.
El chequeo cardiovascular femenino
Toda mujer debería realizarse, al menos una vez al año, una evaluación cardiovascular
integral. Este chequeo no se limita a detectar enfermedades: permite identificar riesgos
a tiempo y actuar de forma preventiva, antes de que se traduzcan en complicaciones
mayores.

