La diabetes es una de las enfermedades más preocupantes a nivel mundial. Este enemigo silencioso afecta a más de 537 millones de personas y, según estimaciones, para 2030 la cifra aumentará a 643 millones.
Entre los años 2000 y 2016, la mortalidad prematura por diabetes aumentó un 5%. En las Américas, para 2019, fue la sexta causa principal de muerte y la segunda causa de años de vida ajustados por discapacidad, debido a las complicaciones que genera.
Uno de los órganos más afectados por la diabetes es el riñón, siendo la principal causa de enfermedad renal crónica (ERC) y enfermedad renal terminal (ESKD) en todo el mundo.
¿Qué es la Enfermedad Renal Diabética?
Se refiere a las alteraciones renales que ocurren en personas con diabetes cuando el control de la glucosa en sangre y otros factores no ha sido el adecuado.
Existe un término más específico, la nefropatía diabética, que se diagnostica a través de una biopsia. Puede manifestarse con pérdida de albúmina en la orina (albuminuria) o alteración en la función renal. Una vez que aparece, suele ser irreversible, por lo que la detección precoz es clave para evitar su progresión.
Síntomas y Detección Temprana
La nefropatía diabética es asintomática en sus etapas iniciales. Algunos signos que pueden aparecer incluyen:
- Orina espumosa.
- Niveles elevados de creatinina en sangre.
Se recomienda realizar análisis de sangre y orina al menos una vez al año para detectar alteraciones renales:
- En diabetes tipo 2, desde el momento del diagnóstico.
- En diabetes tipo 1, a partir de los 5 años de diagnóstico.
La presencia de microalbuminuria es un indicador temprano de daño renal.
Factores de Riesgo
Algunos factores que aumentan la probabilidad de desarrollar enfermedad renal diabética son:
- Hipertensión arterial.
- Azúcar elevada en sangre de forma persistente.
- Raza afroamericana o latina.
- Obesidad.
- Más de 20 años con diabetes (afecta al 50% de los pacientes en este tiempo).
¿Cómo se produce el daño renal?
La hiperglicemia prolongada causa inflamación y daño en las células del riñón. Como respuesta, el órgano trabaja más de lo normal (hiperfiltración), lo que genera:
- Estrés oxidativo.
- Inflamación.
- Fibrosis del tejido renal.
Prevención y Tratamiento
Un control estricto de la glucosa, junto con dieta y ejercicio regular, es fundamental para retrasar la progresión de la enfermedad.
Fármacos útiles:
- IECAs e ARA II: antihipertensivos que protegen el riñón.
- Inhibidores SGLT2: ayudan a controlar la glucosa y disminuyen la presión intrarrenal.
La clave para frenar la progresión es un trabajo en equipo entre médico y paciente, con detección temprana, referencia oportuna a nefrología y adherencia al tratamiento.
Autora:
Dra. Gisselle Guzmán Fernández
Medicina Interna – Nefrología

